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"TODO PREOCUPA A LA VEZ" Abigail Lazkoz

Una serie de dibujos protagonizados por mujeres que dan cuenta de una cierta incomodidad vital. Con limpias líneas negras sobre el fondo blanco del papel, la autora afronta el reto de contar lo máximo con lo mínimo y consigue reflejar, a través de sus personajes, inclasificables estados de ánimo entre la soledad, la melancolía, el miedo, la torpeza, la ansiedad, o la difícil comunicación. Un cúmulo de sentimientos expresados con un marcado carácter teatral, utilizando recursos del dibujo cómico tradicional para dar a la narración un aire al mismo tiempo tenebroso y humorístico.

In Everything Matters at Once, Abigail Lazkoz compiles a series of drawings populated by women who become aware of a certain discomfort in their lives.
Meeting the challenge of expressing the maximum through the minimum, with clean black lines on a white paper background, the author manages, through her unclassifiable characters, to reflect states of being such as solitude, melancholy, fear, clumsiness, anxiety or hampered communication. A weight of feelings with a pronounced theatrical character, expressed through methods of traditional comic drawings giving the narrative an air of both gloom and humour.

Características: 48 páginas, b/n, 24×17 cms, tapa dura, cosido hilo.
ISBN: 84-933584-0-1
Fecha: Diciembre 2003
PVP: 8,00 €

Abigail Lazkoz: “Uno piensa que siempre sufre por algo concreto, pero tengo la sensación de que la condición humana consiste en carecer de descanso mental, en estar preocupados por mil asuntos que se superponen en el tiempo”. (Entrevista con Gerardo Elorriaga para Territotios, 20-IV-05).

Extracto de una entrevista a Abigail Lazkoz realizada por Teresa Badía y publicada en el catálogo de la XVI Muestra de Arte Injuve 2000

Pregunta- ¿Se pueden establecer ciertos paralelismos entre tus dibujos y el barroco?
Abi Lazkoz– Me interesan las imágenes saturadas, las composiciones teatrales en las que lo principal es el gesto, la “pasión” del personaje. Las historias que cuento tienen siempre un resorte trágico y la atmósfera es tenebrista así que creo que no sólo el posible relacionarlas con las corrientes más oscurantistas del Barroco sino también con toda esa tradición de artistas que han recurrido a la estética de lo siniestro: los grabadores tradicionales japoneses y mejicanos, artistas del Romanticismo, del expresionismo, del Surrealismo y, más recientemente creadores como Tim Burton o Charles Burns.
P- Tu iconografía se refiere esencialmente a escenas cotidianas. ¿Qué valor le das a lo anecdótico en tu trabajo?
AL– Si entendemos el recurso a lo anecdótico como la búsqueda del instante curioso en sí mismo, no me interesa. No quiero hacer un malabarismo del que salga como resultado una rareza excepcional, ocurrente. Mi intención es ofrecer un determinado punto de vista de la vida y por lo tanto, intento buscar el vehículo formal que se ajuste a lo que quiero contar. Si entendemos el recurso a la anécdota como recurso al “relato”, asimilado con lo narrativo frente a lo textual, entonces sí me interesa porque quiero que mis imágenes cuenten “sucedidos” de gente que va por ahí y le pasan cosas. Esto último está relacionado con mi intento de imitar en lo posible el espíritu que creo que anima las obras de arte de otros que me gustan, que entiendo que surgen como un esfuerzo del artista por explicarse el mundo y entenderse en él. Esto quiere decir que el artista afronta su actividad con un compromiso de sinceridad, de búsqueda y de crítica que aplica a su vida, a su entorno y a lo que pueda. Me identifico más con los posicionamientos “sentimentalistas” del arte que con los “intelectualistas”. Personalmente, me parece un enfoque menos problemático a la hora de seguir justificando la práctica artística, al menos la mía.
P- Tu trabajo parece tener resonancias con el graffiti o con el cómic.
AL– El cómic me interesa mucho porque me parece uno de los ámbitos de la creación en los que con mayor libertad se experimenta con el concepto de lo gráfico como vehículo de significación. El lenguaje del cómic consigue una gran expresividad con unos recursos muy reducidos que admiten, al mismo tiempo, muchas variaciones. El planteamiento básico de mis propuestas es crear relatos a través de la asociación de imágenes. Por eso recurro a un vehículo formal simple, una especie de “escritura clara” que interfiera lo menos posible en la legibilidad de una sucesión de imágenes cuyo interés reside no tanto en la condición de los elementos que las conforman o en la manera como están representados dichos elementos sino en que sean presentados juntos en unas actitudes concretas. El lenguaje del cómic me permite representar escenas figurativas de modo mucho más expresivo que si utilizara un código naturalista, y también matizar el sentido del discurso permitiéndome integrar, por ejemplo, lo siniestro y lo humorístico en una sola imagen.
P- También tiene cierto aire anónimo, de universal, como de dejado de la mano del autor. Por otra parte, y parece una paradoja, está cargado de aura.
AL– Ese aire anónimo que encuentras pienso que tiene que ver, por un lado, con esa “escritura clara” que hace que el modo de representar sea un poco “seco”. Curiosamente, esto no contrasta con las imágenes en sí que son recargadas y, desde mi punto de vista, bastante sensuales. No obstante, el resultado general es como serio porque, al fin y al cabo, es una trama de líneas negras sobre un fondo blanco. Por otro lado, la idea de lo anónimo tiene que ver con esa pregunta en la que comentabas que mi iconografía se refiere a escenas cotidianas. Es curioso porque si bien en un principio mi intención es acercarme a la experiencia del día a día, me parece que el resultado, en general, es bastante extravagante. Con los personajes creo que ocurre lo contrario y es que, a pesar de ser definitivamente raros con los ojos salidos y sus ropas antiguas, resultan al final personajes cercanos a los que les hubiera pasado algo de camino a la panadería. Creo que el conjunto final es una historieta improbable que le podría pasar a cualquiera.

El aura al que te refieres se debe principalmente al tipo de imágenes que utilizo. Son representaciones de situaciones intensas, de momentos tirantes cuyo sentido queda en suspenso, que producen la sensación de que lo único de lo que se tiene certeza es precisamente de ese exceso de intensidad. Esto provoca una especie de desazón en el espectador al que le gustaría que todo lo que aparece desencajado volviera a ocupar su lugar. Pienso que el dibujo a “línea clara” es además especialmente aurático, como se puede comprobar en los cómics de Hergé, Manara, o de Moebius.
P- En algún momento has comentado que el arte plástico te parece actualmente limitado a la hora de trascender lo meramente estético. ¿A qué crees que es debido?
AL– El arte se ha considerado un reflejo de las preocupaciones e intereses de cada época, y el artista sublimaba estos intereses y preocupaciones a través de sus propuestas estéticas. Una de las consecuencias de la dictadura de mercado es que la estética, utilizada para optimizar la venta de los productos, se ha vuelto un aspecto determinante en nuestras vidas. Parece natural entonces que las propuestas artísticas se ocupen de manera implícita y explícita de esa nueva preocupación social. Pero el recurso continuado a ese planteamiento ha dado como resultado la imposición de un “discurso único” super-estético, legitimado por la asimilación de los conceptos arte-modernidad modernidad-moda, lo que ha derivado a su vez en la subsiguiente asimilación del concepto de arte con el de moda. En el arte plástico, que se nutre cada vez más de un entorno que a su vez lo imita, parece como si hubiera desaparecido el vehículo específico a través del cual sublimar. Bueno, quizás desaparecer sea excesivo, digamos que se ha visto reducido al marco arquitectónico donde se expone la obra, al altar. No hay traducción, no hay alquimia y se escoge de entre lo que ya “es”, se coloca entre dos comillas y el resultado es una redundancia de lo que ya significaba por atractivo.
Cuando el arte social consiste en la recreación de un club, podría pensarse que la “party” es, para el discurso de vanguardia, la máxima representación de la sociedad contemporánea. Lo que hemos perdido por el camino en estas manifestaciones artísticas de hedonismo popular, que recogen la tradición warholiana de los saraos en la “Factory” y el “Studio 54”, es el envés oscuro, el descaro de la maldad implícita en la figura del artista gurú-vampiro, y nos hemos quedado con el discurso antropológico del buen rollo universal oficiado por el Dj.

4 comentarios comentar

  • zombierella (2 noviembre 2004 a las 19:20)

    Me ha gustado mucho. Es una gozada tener una edición así, todo limpio, realzado, con espacio para respirar y apreciar…

  • K (16 septiembre 2004 a las 13:14)

    Un poco enfermizo. Como algunos cómics pero con más misterio. Está muy bien.

  • Jesus Jeleton (16 julio 2004 a las 20:48)

    ABI dibuja MUY BIEN. Y el título de uno de los dibujos: “Pues no cambio ni un poco no vaya a ser que sean los otros los que están equivocados” es uno de los mejores títulos de todos los tiempos.

  • ana beatriz barros (2 abril 2004 a las 0:00)

    Me ha gustado mucho. Es un libro limpio y enigmático. No se soluciona la cosa con un golpe de vista. Sigues pensando en los dibujos, como en las buenas pelis…

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